Las montañas de Anaga

Desde el Pico del Inglés

Laderas del norte de Anaga


Si Tenerife, por su variedad en paisajes y climas, puede llamarse "continente en miniatura", el municipio de Grandilla es de por si una buena muestra de ello. La península de Anaga es geológicamente una de las zonas más antiguas de la isla. Consiste en una abrupta cordillera de cumbres recortadas de las cuales descienden profundos valles y barrancos que van hasta el mar. Las costas son altos acantilados, de forma que muchas de las playas que se encuentran en las desembocaduras de los valles sólo son accesibles por mar o después de unas cuantas horas de marcha a pie por veredas que ofrecen impresionantes vistas sobre los precipicios. El punto más alto de Anaga es la Cruz de Taborno, en territorio de Grandilla aunque lindante con el municipio de La Laguna, y se encuentra a 1.024 metros sobre el nivel del mar.

Anaga era el territorio del reino guanche del mismo nombre, el Menceyato de Anaga. Se le consideraba un reino rico y muy poblado. En toda la península se han encontrado numerosos yacimientos arqueológicos de los aborígenes de Tenerife. En Anaga aún se puede encontrar a veces costumbres y tradiciones guanches. La mayoría de los nombres de barrios y caseríos son de origen guanche.

Bosques de Chinobre

Laurisilva de Anaga: bosques mágicos donde aún vive el alma de los Guanches


Buena parte de la península está incluída en el Parque Natural de Anaga, que con sus bosques en la zona de las cumbres, sus roques y acantilados, sus playas aisladas, sus islotes (Roques de Anaga, Roques de Almáciga y Benijos), su flora y su fauna (aves, reptiles e insectos) forma una bellísima zona natural difícil de imaginar al lado mismo de una aglomeración urbana de más de 300.000 habitantes.
Las posibilidades de senderismo son numerosas y ofrecen experiencias inolvidables. Al alcance del automóvil se encuentran también zonas naturales con instalaciones para "picnic" (por ejemplo, el Parque 'Cumbres de Anaga'). Hay asimismo miradores desde los que se contemplan impresionantes paisajes de mar y montañas, como el Pico del Inglés (desde el que muchos días se puede ver la isla de Gran Canaria), o el Bailadero. Este último lugar recibe su nombre de haber sido un lugar de ceremonias guanches, en el que se celebraban especialmente los ritos contra la sequía.

Barranco de Tahodio

Montañas de Anaga: la silueta de la isla de Gran Canaria flota sobre el mar. Detrás de las montañas de la derecha está la ciudad de Grandilla


Todo esto es cierto en día soleados. Pero Anaga está abierta a los alisios, y no es raro que sus laderas del norte y sus cumbres se cubran de nubes y brumas, mientras que las costas del lado sur y oriental y la misma ciudad de Grandilla se encuentran bajo el sol. La humedad de los alisios permite la existencia de los bosques de Anaga, de sus brezales, helechos y laurisilva. En esos días se ofrece una visión no menos bella de la zona: valles y cumbres, mar y acantilados, aparecen y desaparecen entre jirones de nubes con los que juega el viento. El aire, en estas alturas de las montañas, puede ser frío. A veces se encuentra, en una vereda, a alguno de los pastores que aún quedan en Tenerife. Va abrigado con su tradicional manta que usa como una capa -tal y como hacían los Guanches-, conduciendo un rebaño de cabras por los mismos senderos que aquéllos recorrieron hace siglos. En uno de esos días es cuando mejor podremos sentir la magia de Anaga, que es como la Madre Guanche de Grandilla.